lunes, febrero 1

Recorro

Recorro
el silencio
de tus bahías
y la quietud
de tus penínsulas.
 
El cuerpo
es refugio
cobijo
remanso
de soledad austral.

Recorro.
Descubro.
El continente
y la otra orilla.

La bohemia
montevideana
y la botija tierna.

Amarran
los navíos
en los ojos pequeños.

Los corsarios
disipan tesoros
en la vieja ciudad.

Atisbo tu puerto
para recalar manso.

Bajo las velas
y descanso a tu lado.

Después
siempre después
habrá que partir
pero
siempre después.

fliscornio
10/11/2001

Amiga

Amiga:
Cuesta desterrar al corazón...
Vaciarlo de afecto...
Abolir la necesidad de tocar,
de sentir la comarca de la piel.
Entonces, cuando comienza a suceder esto
el cuerpo pesa
más de lo acostumbrado,
hundiéndose en el aire
como un puñal incisivo...


Cuesta pensar.
Sólo se siente el desgarro sigiloso
de un desamarre a pura distancia
a puro desasosiego.


Exiliarse de la tierra,
de sus humedades.
Extrañar olores y perfumes.
Recortar la certeza de los amaneceres.


En vano
trato de no construir la ausencia
de miradas y palabras,
pero en las tazas de café
huye el carmesí de tus labios.


Deseo desarticular
el tiempo de los encuentros
sin sentir el dolor de extraviar presencias
en la lejanía de las estrellas...


Miro el cielo profundo en la noche
a orillas de un mar oscuro y vasto:


las constelaciones albergan infinitos sentidos
como los sueños acunados
mientras dormimos
en la oquedad del alma.

fliscornio
09/01/2002

la tarde se agita

la tarde se agita
ardiendo
herida
reclamando los primeros besos
los últimos adioses.

el corazón sangra
desesperado
imprevisto
abismal.

sordo
fluye como un río negro de larvas
a través de la carne palpitante
que cruje como papel escrito.

dedos animales.
bruscos.
tejen avalanchas de pasión
sobre tus muslos dormidos.

una mujer al mediodía
se descubre como un poema,
insolente,
placentero,
se desnuda de palabras,
me besa en la cúspide de las metáforas
y construye obeliscos
bajo el ardor del verano
mientras oxidados trenes
se diluyen en la tarde de enero...

fliscornio
09/01/2002

la creación


las noches y sus días
giran
desde el advenimiento
del universo.
más largos o más cortos
ningún sitio del cosmos escapa
a la sentencia
de esta extraña pareja
que construye la ficción del tiempo.


el amor palpita
en la lujuria
del amante ausente.


desatinos del destino.


contracaras de pubis
sudorosos
y pelvis
libertinas.


oquedades oscuras
vacían lenguas.
vaginas desbordadas
por eróticas palabras.
labios femeninos cartografiando masculinos.
masculinos estrujando
femineidades,
como quien asalta cascadas
de orgasmos
y bebe
la confluencia de los océanos.


es la extraña hora
donde muere el día
y adviene la noche.


es la extraña hora de los amantes.
donde los ciegos
ven
y los sordos
oyen.
donde los mudos
enarbolan placeres
a garganta abierta
y pecho naciente.


es la hora extraña
donde las distancias
desaparecen
y fluyen los húmedos néctares.
se apaciguan
las desgracias
y se tejen las pasiones.


es la extraña hora,
donde el sol
desvanece su existencia
y la noche
colma de estrellas
el firmamento.


es la hora de amar
sin tregua y sin respiro
torso contra torso
boca contra boca
pubis contra pubis
que la noche es efímera
y el amor
sólo un soplo divino...


fliscornio
09/10/01

miércoles, diciembre 2

El beso de la ausencia

El beso de la ausencia,

se encarama sobre las paredes,

como una hiedra de fantasmas.


Hiere la piel

la mano del amor exiliado:

de huellas distantes me hablan

tus ojos profundos.


Dialogo extraño

de mutaciones amorosas.


Besar tu boca,

en la humedad fría

de un cuarto despojado.

Sirenas de barcos lejanos,

apuñalan el silencio

en tu puerto dormido.


Ahora sé,

que añoras remansos,

el reverso de mi espalda

o la desnudez

a secas

de mi cuerpo tendido.


fliscornio

jueves, noviembre 26

Carta de amor del Viento al Fuego

Mario Benedetti, es un entrañable de mi juventud, crecí con sus poemas, así como crecí con Serrat, Los Beatles, Spinetta, Sui Generis, Cortazar, Ernesto Cardenal o Pablo Neruda. Vaya este poema a modo de introducción a una vieja carta de amor...del viento al fuego.

Una carta de amor
no es un naipe de amor


una carta de amor tampoco es una carta
pastoral o de crédito / de pago o fletamento


en cambio se asemeja a una carta de amparo
ya que si la alegría o la tristeza
se animan a escribir una carta de amor
es porque en las entrañas de la noche
se abren la euforia o la congoja
las cenizas se olvidan de su hoguera
o la culpa se asila en su pasado


una carta de amor
es por lo general un pobre afluente
de un río caudaloso
y nunca está a la altura del paisaje
ni de los ojos que miraron verdes
ni de los labios dulces
que besaron temblando o no besaron
ni del cielo que a veces se desploma
en trombas en escarnio o en granizo


una carta de amor puede enviarse
desde un altozano o desde una mazmorra
desde la exaltación o desde el duelo
pero no hay caso / siempre


será tan sólo un calco
una copia frugal del sentimiento


una carta de amor no es el amor
sino un informe de la ausencia


Mario Benedetti

Carta de Amor del Viento al Fuego
 

A veces e intentado acercarme a tí pero ardes con tanto entusiasmo, que temo lastimarme con tus llamas. En días calmos donde ardías apacible como la llama de una vela, me quedaba a tu lado, y te observaba en silencio, esperando tu mirada, pero en realidad me dí cuenta que te replegabas y ardías desde la profundidad de tu alma.


Yo sé que de vez en cuando, al acercarme puedo encenderte aún más, y puedes brillar. Sé que muevo tus llamas cuando me agito alrededor tuyo, y entonces llamo tu atención, pero sólo es un instante, porque una vez que empiezas arder, te olvidas de lo que te rodea, y vuelves sobre ti misma.


Sé que eres voraz, que exiges lealtad, que eres justa e imprevisible, que eres autónoma e independiente, sé que eres pasional, y vives desafiando al mundo.


Para mí que soy puro aire, que ando por la tierra sin aferrarme a nada, solitario errante, que cada tanto subo a los cielos y luego bajo al mundo, para contar lo que he visto en las alturas, despiertas curiosidad y me atrae tu energía. Entonces juego a provocar tus llamas. Alimento tu apetito de conocimiento, arrojo ideas, conceptos al centro de tu cuerpo, sé que te enciendes hasta el cielo, que brotan chispas iluminando tus ojos, y adquieren brillo tus cabellos ensortijados.

Te miro crecer buscando alturas, ardiendo incluso con rebeldía, y ¡qué rebeldía! Cuando ardes con enojo, con voracidad, con llamaradas de odio, desplegando tanta vehemencia, tanta pujanza capaz de mover calderas, alimentar máquinas y empujar al mundo hacia su destino.


Tú estás desde los orígenes, yo solo soy un soplo evanescente, aunque sé que ando por planetas desiertos, y suelen llamar viento solar, a las partículas que provienen desde el fondo del universo. Pero tú tienes en tu esencia el origen, y eso no es poca cosa, eres primigenia, fundamental. Estás desde siempre. Se funden en tu historia las partículas del universo, plasmando las formas estelares que hoy vemos, esa mezcla fantástica de gases, estrellas rojas y enanas, cometas y meteoritos, galaxias y planetas.

En realidad, puedo andar por la vida, desprendiéndome de este mundo material, atiborrarme de placer en el mundo de las ideas, y pensar en lo que vendrá, puedo tener amistades, y serles fiel hasta la muerte. Pero soy etéreo y volátil, nómada por naturaleza. No atino a aferrarme a los sitios o lugares que visito.

Puedo sin embargo perderme si caigo en el enredo y en el encanto mágico de tus llamas, en el crepitar de tus ojos ardientes, casi sin darme cuenta, extasiado por tus formas extrañas y sensuales.


En estos días, anduve sobre las crestas de las olas, y acaricié arenas solitarias, mientras un mar espumoso estallaba sobre las piedras de los acantilados. Tal vez, pensé, quizá, me dije.... Me hubiera gustado compartir contigo, pero... los desencuentros también forman parte de la vida... La soledad del aire a veces es peligrosa, porque puede quedarse colgado en los andamios, y no bajar nunca...nunca entonces....


¿Fuego, qué soledad se disfruta en la inmensidad de los cielos o en la profundidad de los océanos?


Entre tanto signo y símbolo, fui encontrando ciertas huellas, que como aire, puedo transitar a gusto. Entonces las señales pueden volverse amistosas, y menos rígidas. Entre tu y yo, hay muchas cosas, que tejen la trama de un compromiso, y es cierto que tu energía me da fuerzas para elevarme hasta el infinito, y es verdad, que luego se produce un intercambio, y soy quien te alimenta para que ardas con más fuerza.


Pero además, fuego, he descubierto que te extraño cuando no veo tu llamita cuando estás calma, o cuando no escucho el chisporrotear de tus centelleos cuando estas con toda la energía a cuestas. Debo confesarte fuego, que intenté des-sincronizar el vínculo, tratando de apartarme de tu encanto... Era un intento de desligarme de tu brillo, de la seducción de tus llamas, de la atracción que siento por tu movimiento...


Pero lanzaste un par de chispitas al aire, interrogando qué pasaba, y no puedo dejar de responderte fuego. Sé que esto te puede incomodar, o tal vez te suene a arrebato de ventolina, que en una ráfaga despeina los cabellos.


Andamos juntos querida fuego... hace mucho, mucho tiempo, y puede que me creas o puede que no, conocemos juntos las profundidades del universo y los misterios de los volcanes sobre la tierra. Ardemos en los bosques, y en los hogares, en soles lejanos y pueblitos inhóspitos. Quizá por eso nunca me voy del todo, creo que no me podría ir, por eso doy mis giros, levanto remolinos, espanto hojas y papeles como un vendaval en invierno...


Y sin embargo, la distancia se teje, nos moldea sin que nos demos cuenta... A veces me alejo y duele un poco.... asusta la pérdida del encuentro, de los espacios propios... de la calidez de tu presencia y de la tibieza de tus llamitas.... No, no te confundas fuego, no sufro por la distancia, entre tu y yo, de alguna manera esa distancia física desaparece, no existe, porque la presencia del otro habita en cada uno, no padezco dolor alguno... simplemente es un estado de ánimo propio de los seres vivos...

"Somos moldeados y vueltos a moldear por aquellos que nos aman y por muy poco tenaces que hayan sido, somos su obra; obra que por lo demás no reconocen y nunca es aquella con la cual han soñado. No hay un amor, una amistad, que habiendo atravesado nuestro camino, no haya colaborado en él hasta la eternidad", redactaste un texto sobre un papel chamuscado varios años atrás, con su estilo encendido.


¿Adivinabas el futuro tal vez, sin darte cuenta, anticipando este desamarre, este ausentarse de los lugares que siempre hemos transitado? Vaya a saber... Incertidumbres de esta vida que nos sorprende cada día. Y entonces hablamos de solares extraños, de viajes insospechados y nuevas travesías, una noche húmeda y lluviosa, intentando desandar los recuerdos, desandando al mismo tiempo los vínculos que nos unen.


Sentimientos encontrados emergieron de ese contacto, en ese breve recorrido de brisa serena por tu frente y tus cabellos, por tus hombros cansados, por tus ojos irritados. Hubiese deseado ser el tiempo en ese preciso momento, tener toda la eternidad, si es que la eternidad es una medida...


Pero la medida de las cosas, no son propiedad exclusiva de alguien en particular... La medida de las cosas, siempre estalla en los amaneceres, cuando la luz despeja las sombras y las oscuridades, alejando el fantasma de las incertidumbres. Aún tus llamas arden en las cenizas del pasado, es decir, añoran otros vientos, otros rumbos y otras brasas. Entonces tu llamita pequeña, expuesta al viento invernal, se vuelve inaccesible, y no me queda más remedio, que circundarte en silencio... Viento de primavera, brisa leve desplazándose por las calles, rondando alturas, lejos de todo fuego… de todo ardor…






Fliscornio 2000

sábado, noviembre 21

La Maravilla


(o Mundo Maravilloso de Louis Armstrong)
Un atardecer de invierno. El sol entibia como puede a los porteños que transitan la ciudad. Dos carteles señalan una coordenada en el espacio Avenida de Mayo 1100/1200. Lima 1/50. Un reloj marca, ubicuo, el tiempo: 17.10.

Acabo de releer tu obsequio "Las Mil Maravillas" de Ángeles Mastretta. Me refugio sobre el capuchino, abandonándome en la espiral lenta y desdeñada del humo difuminado en el aire. Sigo percibiendo tus gestos: tu voz, tu rostro, tu boca diminuta que deja escapar en cada palabra que lees el compromiso intacto de otros años. Tu ojos vivaces capturan el texto con la pasión de quién abraza lo sagrado. Los parroquianos nos observan desde sus mesas en el Bar García...Una maravilla.

El agua salpica circularmente la fuente que está frente a mí. Algunas palomas sobrevuelan el frío de Buenos Aires, que avanza desde el sur y acaricia el viejo edificio del ministerio de Obras Públicas. Allí donde Evita renunció a los poderes y a la vida en 1952. El capuchino pasó a la historia y aún quedan sobre la mesa, dispersos, el vaso de agua y el jugo...

Cinco policías motorizados, departen entusiastas junto a sus motos, sin importarles demasiado lo que sucede alrededor. Inmóviles, junto al monumento del Quijote de La Mancha, varios ómnibus guardan silencio, como en un cortejo fúnebre. Por la Avenida de Mayo, veo un desfile de manifestantes, participes de una marcha de la que ni me he enterado. Portan pancartas, banderas replegadas y gorritos verdes. Las veredas y el asfalto se tapizan de papeles... Mientras tanto una nena de poco menos de ocho años, deambula por entre las mesas del café, solicitando un peso... A veces los horrores de este mundo se empecinan en devolvernos la otra mirada... El espejo y su reflejo.

Es una tarde de julio intrincada. Engorrosa, como tantas tardes y días de este bendito país, sin duda plagado de maravillas, que como dice Mastretta, algunas conoceré y otras, tal vez muchísimas, no llegaré a saber ni que existen. El prójimo, por ejemplo, es una maravilla que conoceré, pero solo por partes. Como en retazos. Tal vez sucede lo mismo conmigo.
¿Te conoceré? ¿Me conocerás? ¿La filosofía del instante, de la fugacidad, quizás? ¿Qué atesoramos en este recorrido añoso desde que nacemos hasta que morimos? ¿El dinero, las propiedades, los títulos, los amigos, los afectos, las alegrías o las penas?
Sostener la linealidad de nuestra historia es un problema. Y no sé a qué historia me refiero. Ahora ambas se mezclan. Puedo saltar a mil novecientos cincuenta y seis, en el mes de febrero, el día ocho. O puedo solo, retomar un año antes y pensar en la Revolución Libertadora. Puedo anclarme en el setenta y tres, en setiembre once, por ejemplo... Puedo sentir la violencia de los tiempos y de los cambios.

Hago historia y a la vez soy parte modelada de esa misma historia. Se dice que la historicidad forma parte de nuestro ser... ¡Qué anchas espaldas poseen los seres humanos para llevar semejante carga! Ancestros, desde el fondo del universo, convergen precisamente en cada encuentro... Y la historia, creo, se alimenta a sí misma, y nosotros somos su alimento, pero a la vez nos devoramos a nosotros mismos.

La vida circula a nuestro alrededor. Se visten de gardenias y jazmines los balcones de la adolescencia y crecemos casi sin darnos cuenta. La piel se estira, los huesos se agrandan. Las vivencias se nutren de nuevas experiencias, mientras los ojos y sus retinas registran, implacables, la construcción de los recuerdos. ¿Qué hacer con ese material sensible? ¿Arrojarlo al océano del olvido? ¿Acomodarlo en una secuencia de tiempo y fijarlo para siempre a las necrosis de los calendarios?
La linealidad es un problema. Trato de encontrar la ficción de A.C / D. C, en mi propia vida, y siento que la cosa no es tan sencilla.
Entiendo que hay repeticiones y repeticiones. A veces se repite precisamente para no recordar. Repetir para olvidar. Sin embargo, hay repeticiones que dejan huellas y que nunca son la misma cosa. He ahí una gran maravilla.

Pero en definitiva ¿a qué viene este absurdo escrito inspirado en las Mil Maravillas? Precisamente en el absurdo... En los laberintos de la existencia... En los recónditos agujeros negros de nuestras vidas en permanente e infinito encuentro-desencuentro. Es probable que mientras leas esto, ese hecho forme parte de esos encuentros-desencuentros. Y lo absurdo... o la maravilla, es que siempre realizamos el mismo ritual del encuentro, pero esta vez, repetir no es olvidar, repetir el encuentro para justamente recordar que siempre hay encuentro... Y eso sí, realmente es raro... pero es una Maravilla.

Setiembre 12, 2000.


Apéndice del Nuevo Milenio.


Ayer visité la librería más grande que he visto. Tenías razón. Se siente algo cuando uno entra en ese salón enorme, como si uno adviniese a adentrarse en un templo virginal, poblado de infinitos laberintos donde crecen como civilizaciones las ideas. Veo hombres y mujeres, de edades inciertas, tomando y leyendo libros de los anaqueles distribuidos a lo largo del salón. En este momento, cuando muchos pregonan la muerte del libro a manos de la tecnología digital, observar este sitio es una bendición que te da la vida...una maravilla.

Y será por la música de fondo, o porque al levantar los ojos y ver el techo circular iluminado, decorado con un gran mural, o por los palcos rediseñados para sentarse mansamente a leer u hojear algún texto, tal vez será por eso que te veo deambulando ávidamente en este mundo. Con una hambrienta necesidad de aprender a pensar, con ese algo que te brota de las vísceras, que te hace indispensable, única e irrepetible...otra maravilla.

Conmovido, camino en el laberinto. No hay un minotauro ¿o sí? El universo se despliega en inagotables páginas. Llegué hasta aquí de tu mano, como siempre. Parece mentira, pero hay ciertas cosas que me resultan extrañas. Sensaciones. Me muevo en un ámbito desconocido pero conocido a la vez, la gente está fascinada con el lugar. Hay un embrujo, uno no quiere irse, o tal vez quiere volver apenas traspone el umbral. ¿Sabés? También me resultas conocida y desconocida a la vez. Después de tantos años parece una locura, sin embargo eres otra persona, pero estás intacta a la vez. Eres como este lugar, tiene un encanto que proviene desde lo profundo, de siglos, de incalculables horas e inagotables hombres y mujeres que derramaron sobre papeles la construcción de una pluralidad de mundos. Y a este mundo lo conozco y lo desconozco al mismo tiempo. Porque a medida que avanzo por el laberinto hago cosas, construyo, a veces a tientas, a veces (muy pocas) con certezas:

Construir una vida...
Construir una pareja...
Construir una profesión...
Construir una ética...
Construir un universo...
Construir soledades...
Construir tristezas...
Construir el compartir...
Construir felicidad...
Construir el amor...
Construir hijos...
Construir el deseo...
Construir la Maravilla...

fliscornio
Enero 9, 2001

Las palabras


Las palabras,


escritas con devoción,


amorosamente talladas


sobre las hojas,


serán sagradas


en la medida que


quién las lea,


las transmita entrañablemente


a los demás.









fliscornio 
                                                                                      oct.23.7

Oquedad


Entre mi cuello y el hombro,

descansa el silencio de tu pensamiento.

Apoyada

en la oquedad tibia de los huesos,

tu mirada se desliza callada,

sobre espaldas y occipucios.

Es la brevedad

del aliento

sobre las pupilas.

Es el tiempo

demorado

que cae como una llovizna.

Las voces humedecen

viejos cortinados en los zaguanes

de Montevideo...

Los corazones

cobijan antiguas carencias.

Acaricio tus mejillas tibias.

Atemperas mis manos

entre las tuyas

mientras atravesamos la ciudad

serenos, transparentes

como destellos de luz

en una noche de verano.

Y así, el día arrastra las horas,

pero no lleva tu boca ni la mía.

Levanta las hojas que el otoño olvidó,

pero no empuja las hojas escritas.

Ni los poemas leídos sobre tus ojos,

a la hora de las cigarras,

a la sombra de las enredaderas,

lejos de aquí.

Quién sabe dónde...

Tal vez donde nacen los jazmines...

en un lugar donde los encuentros florecen...

acurrucados,

lejos de todo...

lejos...


fliscornio 2002

Una mujer y un escote


El escote
insolente
agitador
insurgente
revoltoso
rebelde
incendiario
soberbio.
Los pechos
alborotados
sensuales
abultados
orondos
convexos
tersos
inquietantes
Ella
orgasmica
abundante
sexual
copiosa
exhuberante
óptima
opípara...

fliscornio
2002

El camposanto

Antes del viento el mutismo habito el lugar.

Nada podía oírse en ese océano de ausencias

que marca un absurdo indescriptible

de acallados lamentos a la intemperie.

Se fueron quedando solos, de a poco,

con el paso del tiempo y las lluvias de otoño.

Se quedaron definitivamente quietos

en sus lugarcitos de sueños efímeros.

Así el viento lánguido, se adueño de todo,

se pasea orondo por los huecos que dejan

los vacíos domingos en los sobrevivientes.

Hasta el silencio muda en ellos.

Unas florcitas mustias se destacan

en las frías mañanas de esta extraña urbe.

Hay tanta soledad y tanta vida de muertos

que cuesta pensar otra cara para un camposanto.

Detrás de largos muros la vida se ha exiliado.

Hay una ciudad de difuntos por donde transitan

famélicos recuerdos de fantasmas errantes.

Hay miles de rostros que vagamente nos miran

desde las lápidas y desde sus lugares de finados.

Aquí todo huele a entierro cavila el sepulturero

mientras cava una tumba para un futuro inquilino.

Extramuros bulle la vida como un hormigueo.

La metamorfosis de la muerte con su autoridad vigente

se enlaza con la tierra germinando enérgicas larvas

que por años se han nutrido de pieles y entrañas

y regresan a nosotros gozando de un nuevo status.

La existencia del camposanto, aire de muerte,

sollozos vanos y gritos desesperados,

más no todo muere cuando se muere,

perviven más allá de los dolores y las penas

el flujo imperceptible de las horas plenas.

Esta vida que nos ha tocado es única, irrepetible.

No busquemos en la necrópolis la vitalidad perdida

solo queda el reflejo macilento de otro que ya se fue,

de nosotros depende sostener el fuego que nos habita,

de nosotros depende sostener una existencia digna...

fliscornio

El hogar de las sombras


Si uno no recordase,

Y no tuviera encima

Esas imágenes indelebles

Que golpean la escollera

Del alma humana

¿Cuál sería el lugar?



Si los hombres existieran

Sin memoria

Sin historia

Sin pasado



¿Cuál sería el hogar de las sombras?



fliscornio

Nosotros a pesar de Ellos...


Cada uno nosotros tiene un lugar
Un espacio propio
Un punto de pertenencia,
Que es inicio y partida
Que es fin y comienzo.

Cada uno de nosotros
Deriva hacia otros sitios
Que nos amalgaman
Alrededor de hechos e ideas
Que confluyen en algo llamado identidad.

Es posible que las circunstancias
Nos deriven como guijarros en el agua
Hacia lugares impensados
Pero cada cual y a su manera
Elige calladamente seguir el curso de la vida.

Hay puntos que quizás no tienen retorno
Hay puertos que sin embargo
Permanecen mansamente abiertos
Aguardando nuestra silenciosa llegada
Aun en las más oscuras y sombrías de las noches.

Tal vez no hay elección posible
Cuando el corazón está vacío de emoción
Y el mundo se construye en función del cálculo
Levantando sobre el horizonte el pragmatismo del dinero
La prevalencia de la renta fácil.

Cada uno y a su modo elige
De qué lado va a estar,
La moneda solo tiene dos caras
Y por ahora el Yo pudo más que el Nosotros,
Sin embargo la historia se construye día a día
Con Nosotros…
A pesar de Ellos…


fliscornio

Julio.30.2008

Sobre guiones y libretos



Se escribe como se puede, sobre el papel o sobre la piel, por sobre un montón de muertos o por sobre los vientres de las parturientas. Se escribe a veces sin ton ni son, sin saber adónde van a morir los renglones. En otras ocasiones la desesperación que engendra la incertidumbre es tan aterradora que algunos se suicidan en los márgenes de las hojas vacías.

Cada uno de nosotros escribe un libreto, un guión o un libro. Cada uno de nosotros sube al escenario de la vida todos los días, contando solo con la desnudez del alma humana. Nos calzamos máscaras para comenzar el día sin la certeza de saber dónde termina la obra.

A todos nosotros nos toca ser alguien: tullido, engreído, soberbio, orgulloso, valiente o cobarde, honesto o rastrero. Cada ser humano representa su papel, grande o pequeño, en el escenario del mundo. A veces forzamos a los otros a ocupar ciertos lugares, porque necesitamos que ellos los ocupen, para poder cargarles la mierda que llevamos dentro.

Nada más incierto que la conducta humana. Nada más vacío que humanos completamente satisfechos. Nada más heroico que una persona insatisfecha. La vida humana está plagada de desconcierto y ambigüedad, casi como una novela construida a tientas en los amaneceres de la civilización.

Se escribe como se puede, a veces en la confusión de la pasión o en los tumultos que construye el amor. Escribe el poeta enredado en el cuerpo de su amada y pinta el artista plástico los diluvios verde azulados de unos ojos infinitamente claros. Modela el escultor un cuerpo despojado hasta en la desnudez de la espalda y hornea el ceramista el brillo opaco de un amor que agoniza.

El viento desliza la música y los bailarines dibujan en el espacio los movimientos de una danza invisible. Se entretejen y se dejan llevar. Se deshacen y rehacen. Se destierran y hermanan. Se erigen uno al otro como pueden en una danza eterna llamada intimidad.
Se escribe como se puede. Se vive de igual modo. Solo somos espejos de otros, redactando una ficción que no nos pertenece. Somos quienes somos, ni mucho ni poco, pero aceptarlo cuesta. Empuñar palabras, no pistolas o fusiles. Empuñar artes, no inútiles muertes.
Construir el texto de nuestras vidas es lo difícil, porque hay que otorgar sentido a lo escrito, pero ¿quién nos dirá dónde poner cada punto y cada coma? ¿Quién leerá en definitiva este conglomerado de frases y oraciones que soy o que he sido?

Hay que escribir entonces sobre este inescrupuloso desierto de papel, que asfixia con su blancura de muerte. Se debe transitar este territorio cano, prematuro de ancianidad y despedidas. Porque así lo exigen las circunstancias. Porque así lo pide el cuerpo. Entonces se escribe con la urgencia de las tripas, con la premura del agonizante. Se cubren extensiones con escenas, que luego son acciones, que luego son vidas, que luego, muy luego dan origen a cierta existencia.
Es así que comienzo el montaje de una quimera llamada mi vida, una pequeña narración, que ocupa en forma exigua, una carilla, y en dónde escribo, como puedo, una historia, un cuento o una fábula, que algunos considerarán inequívoca o a lo sumo confusa. No obstante en ella, habitarán actores que aceptarán el juego.
¿Qué haremos cuando el otro no acepte el juego, ni asuma su papel de victimario o de víctima?

fliscornio
noviembre de 2004.

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