lunes, febrero 1
Recorro
Amiga
Cuesta desterrar al corazón...
Vaciarlo de afecto...
Abolir la necesidad de tocar,
de sentir la comarca de la piel.
Entonces, cuando comienza a suceder esto
el cuerpo pesa
más de lo acostumbrado,
hundiéndose en el aire
como un puñal incisivo...
Cuesta pensar.
Sólo se siente el desgarro sigiloso
de un desamarre a pura distancia
a puro desasosiego.
Exiliarse de la tierra,
de sus humedades.
Extrañar olores y perfumes.
Recortar la certeza de los amaneceres.
En vano
trato de no construir la ausencia
de miradas y palabras,
pero en las tazas de café
huye el carmesí de tus labios.
Deseo desarticular
el tiempo de los encuentros
sin sentir el dolor de extraviar presencias
en la lejanía de las estrellas...
Miro el cielo profundo en la noche
a orillas de un mar oscuro y vasto:
las constelaciones albergan infinitos sentidos
como los sueños acunados
mientras dormimos
en la oquedad del alma.
fliscornio
09/01/2002
la tarde se agita
ardiendo
herida
reclamando los primeros besos
los últimos adioses.
el corazón sangra
desesperado
imprevisto
abismal.
sordo
fluye como un río negro de larvas
a través de la carne palpitante
que cruje como papel escrito.
dedos animales.
bruscos.
tejen avalanchas de pasión
sobre tus muslos dormidos.
una mujer al mediodía
se descubre como un poema,
insolente,
placentero,
se desnuda de palabras,
me besa en la cúspide de las metáforas
y construye obeliscos
bajo el ardor del verano
mientras oxidados trenes
se diluyen en la tarde de enero...
fliscornio
09/01/2002
la creación
las noches y sus días
giran
desde el advenimiento
del universo.
más largos o más cortos
ningún sitio del cosmos escapa
a la sentencia
de esta extraña pareja
que construye la ficción del tiempo.
el amor palpita
en la lujuria
del amante ausente.
desatinos del destino.
contracaras de pubis
sudorosos
y pelvis
libertinas.
oquedades oscuras
vacían lenguas.
vaginas desbordadas
por eróticas palabras.
labios femeninos cartografiando masculinos.
masculinos estrujando
femineidades,
como quien asalta cascadas
de orgasmos
y bebe
la confluencia de los océanos.
es la extraña hora
donde muere el día
y adviene la noche.
es la extraña hora de los amantes.
donde los ciegos
ven
y los sordos
oyen.
donde los mudos
enarbolan placeres
a garganta abierta
y pecho naciente.
es la hora extraña
donde las distancias
desaparecen
y fluyen los húmedos néctares.
se apaciguan
las desgracias
y se tejen las pasiones.
es la extraña hora,
donde el sol
desvanece su existencia
y la noche
colma de estrellas
el firmamento.
es la hora de amar
sin tregua y sin respiro
torso contra torso
boca contra boca
pubis contra pubis
que la noche es efímera
y el amor
sólo un soplo divino...
fliscornio
09/10/01
miércoles, diciembre 2
El beso de la ausencia
jueves, noviembre 26
Carta de amor del Viento al Fuego
Una carta de amor
Carta de Amor del Viento al Fuego
Yo sé que de vez en cuando, al acercarme puedo encenderte aún más, y puedes brillar. Sé que muevo tus llamas cuando me agito alrededor tuyo, y entonces llamo tu atención, pero sólo es un instante, porque una vez que empiezas arder, te olvidas de lo que te rodea, y vuelves sobre ti misma.
Sé que eres voraz, que exiges lealtad, que eres justa e imprevisible, que eres autónoma e independiente, sé que eres pasional, y vives desafiando al mundo.
Para mí que soy puro aire, que ando por la tierra sin aferrarme a nada, solitario errante, que cada tanto subo a los cielos y luego bajo al mundo, para contar lo que he visto en las alturas, despiertas curiosidad y me atrae tu energía. Entonces juego a provocar tus llamas. Alimento tu apetito de conocimiento, arrojo ideas, conceptos al centro de tu cuerpo, sé que te enciendes hasta el cielo, que brotan chispas iluminando tus ojos, y adquieren brillo tus cabellos ensortijados.
Te miro crecer buscando alturas, ardiendo incluso con rebeldía, y ¡qué rebeldía! Cuando ardes con enojo, con voracidad, con llamaradas de odio, desplegando tanta vehemencia, tanta pujanza capaz de mover calderas, alimentar máquinas y empujar al mundo hacia su destino.
Tú estás desde los orígenes, yo solo soy un soplo evanescente, aunque sé que ando por planetas desiertos, y suelen llamar viento solar, a las partículas que provienen desde el fondo del universo. Pero tú tienes en tu esencia el origen, y eso no es poca cosa, eres primigenia, fundamental. Estás desde siempre. Se funden en tu historia las partículas del universo, plasmando las formas estelares que hoy vemos, esa mezcla fantástica de gases, estrellas rojas y enanas, cometas y meteoritos, galaxias y planetas.
En realidad, puedo andar por la vida, desprendiéndome de este mundo material, atiborrarme de placer en el mundo de las ideas, y pensar en lo que vendrá, puedo tener amistades, y serles fiel hasta la muerte. Pero soy etéreo y volátil, nómada por naturaleza. No atino a aferrarme a los sitios o lugares que visito.
Puedo sin embargo perderme si caigo en el enredo y en el encanto mágico de tus llamas, en el crepitar de tus ojos ardientes, casi sin darme cuenta, extasiado por tus formas extrañas y sensuales.
En estos días, anduve sobre las crestas de las olas, y acaricié arenas solitarias, mientras un mar espumoso estallaba sobre las piedras de los acantilados. Tal vez, pensé, quizá, me dije.... Me hubiera gustado compartir contigo, pero... los desencuentros también forman parte de la vida... La soledad del aire a veces es peligrosa, porque puede quedarse colgado en los andamios, y no bajar nunca...nunca entonces....
¿Fuego, qué soledad se disfruta en la inmensidad de los cielos o en la profundidad de los océanos?
Entre tanto signo y símbolo, fui encontrando ciertas huellas, que como aire, puedo transitar a gusto. Entonces las señales pueden volverse amistosas, y menos rígidas. Entre tu y yo, hay muchas cosas, que tejen la trama de un compromiso, y es cierto que tu energía me da fuerzas para elevarme hasta el infinito, y es verdad, que luego se produce un intercambio, y soy quien te alimenta para que ardas con más fuerza.
Pero además, fuego, he descubierto que te extraño cuando no veo tu llamita cuando estás calma, o cuando no escucho el chisporrotear de tus centelleos cuando estas con toda la energía a cuestas. Debo confesarte fuego, que intenté des-sincronizar el vínculo, tratando de apartarme de tu encanto... Era un intento de desligarme de tu brillo, de la seducción de tus llamas, de la atracción que siento por tu movimiento...
Pero lanzaste un par de chispitas al aire, interrogando qué pasaba, y no puedo dejar de responderte fuego. Sé que esto te puede incomodar, o tal vez te suene a arrebato de ventolina, que en una ráfaga despeina los cabellos.
Andamos juntos querida fuego... hace mucho, mucho tiempo, y puede que me creas o puede que no, conocemos juntos las profundidades del universo y los misterios de los volcanes sobre la tierra. Ardemos en los bosques, y en los hogares, en soles lejanos y pueblitos inhóspitos. Quizá por eso nunca me voy del todo, creo que no me podría ir, por eso doy mis giros, levanto remolinos, espanto hojas y papeles como un vendaval en invierno...
Y sin embargo, la distancia se teje, nos moldea sin que nos demos cuenta... A veces me alejo y duele un poco.... asusta la pérdida del encuentro, de los espacios propios... de la calidez de tu presencia y de la tibieza de tus llamitas.... No, no te confundas fuego, no sufro por la distancia, entre tu y yo, de alguna manera esa distancia física desaparece, no existe, porque la presencia del otro habita en cada uno, no padezco dolor alguno... simplemente es un estado de ánimo propio de los seres vivos...
"Somos moldeados y vueltos a moldear por aquellos que nos aman y por muy poco tenaces que hayan sido, somos su obra; obra que por lo demás no reconocen y nunca es aquella con la cual han soñado. No hay un amor, una amistad, que habiendo atravesado nuestro camino, no haya colaborado en él hasta la eternidad", redactaste un texto sobre un papel chamuscado varios años atrás, con su estilo encendido.
¿Adivinabas el futuro tal vez, sin darte cuenta, anticipando este desamarre, este ausentarse de los lugares que siempre hemos transitado? Vaya a saber... Incertidumbres de esta vida que nos sorprende cada día. Y entonces hablamos de solares extraños, de viajes insospechados y nuevas travesías, una noche húmeda y lluviosa, intentando desandar los recuerdos, desandando al mismo tiempo los vínculos que nos unen.
Sentimientos encontrados emergieron de ese contacto, en ese breve recorrido de brisa serena por tu frente y tus cabellos, por tus hombros cansados, por tus ojos irritados. Hubiese deseado ser el tiempo en ese preciso momento, tener toda la eternidad, si es que la eternidad es una medida...
Pero la medida de las cosas, no son propiedad exclusiva de alguien en particular... La medida de las cosas, siempre estalla en los amaneceres, cuando la luz despeja las sombras y las oscuridades, alejando el fantasma de las incertidumbres. Aún tus llamas arden en las cenizas del pasado, es decir, añoran otros vientos, otros rumbos y otras brasas. Entonces tu llamita pequeña, expuesta al viento invernal, se vuelve inaccesible, y no me queda más remedio, que circundarte en silencio... Viento de primavera, brisa leve desplazándose por las calles, rondando alturas, lejos de todo fuego… de todo ardor…
Fliscornio 2000
sábado, noviembre 21
La Maravilla
Las palabras

en la medida que
quién las lea,
las transmita entrañablemente
a los demás.
Oquedad

Entre mi cuello y el hombro,
descansa el silencio de tu pensamiento.
Apoyada
en la oquedad tibia de los huesos,
tu mirada se desliza callada,
sobre espaldas y occipucios.
Es la brevedad
del aliento
sobre las pupilas.
Es el tiempo
demorado
que cae como una llovizna.
Las voces humedecen
viejos cortinados en los zaguanes
de Montevideo...
Los corazones
cobijan antiguas carencias.
Acaricio tus mejillas tibias.
Atemperas mis manos
entre las tuyas
mientras atravesamos la ciudad
serenos, transparentes
como destellos de luz
en una noche de verano.
Y así, el día arrastra las horas,
pero no lleva tu boca ni la mía.
Levanta las hojas que el otoño olvidó,
pero no empuja las hojas escritas.
Ni los poemas leídos sobre tus ojos,
a la hora de las cigarras,
a la sombra de las enredaderas,
lejos de aquí.
Quién sabe dónde...
Tal vez donde nacen los jazmines...
en un lugar donde los encuentros florecen...
acurrucados,
lejos de todo...
lejos...
Una mujer y un escote

fliscornio
El camposanto
Antes del viento el mutismo habito el lugar.
Nada podía oírse en ese océano de ausencias
que marca un absurdo indescriptible
de acallados lamentos a la intemperie.
Se fueron quedando solos, de a poco,
con el paso del tiempo y las lluvias de otoño.
Se quedaron definitivamente quietos
en sus lugarcitos de sueños efímeros.
Así el viento lánguido, se adueño de todo,
se pasea orondo por los huecos que dejan
los vacíos domingos en los sobrevivientes.
Hasta el silencio muda en ellos.
Unas florcitas mustias se destacan
en las frías mañanas de esta extraña urbe.
Hay tanta soledad y tanta vida de muertos
que cuesta pensar otra cara para un camposanto.
Detrás de largos muros la vida se ha exiliado.
Hay una ciudad de difuntos por donde transitan
famélicos recuerdos de fantasmas errantes.
Hay miles de rostros que vagamente nos miran
desde las lápidas y desde sus lugares de finados.
Aquí todo huele a entierro cavila el sepulturero
mientras cava una tumba para un futuro inquilino.
Extramuros bulle la vida como un hormigueo.
La metamorfosis de la muerte con su autoridad vigente
se enlaza con la tierra germinando enérgicas larvas
que por años se han nutrido de pieles y entrañas
y regresan a nosotros gozando de un nuevo status.
La existencia del camposanto, aire de muerte,
sollozos vanos y gritos desesperados,
más no todo muere cuando se muere,
perviven más allá de los dolores y las penas
el flujo imperceptible de las horas plenas.
Esta vida que nos ha tocado es única, irrepetible.
No busquemos en la necrópolis la vitalidad perdida
solo queda el reflejo macilento de otro que ya se fue,
de nosotros depende sostener el fuego que nos habita,
de nosotros depende sostener una existencia digna...
fliscornio
Nosotros a pesar de Ellos...
Un punto de pertenencia,
fliscornio



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