lunes, febrero 1

Recorro

Recorro
el silencio
de tus bahías
y la quietud
de tus penínsulas.
 
El cuerpo
es refugio
cobijo
remanso
de soledad austral.

Recorro.
Descubro.
El continente
y la otra orilla.

La bohemia
montevideana
y la botija tierna.

Amarran
los navíos
en los ojos pequeños.

Los corsarios
disipan tesoros
en la vieja ciudad.

Atisbo tu puerto
para recalar manso.

Bajo las velas
y descanso a tu lado.

Después
siempre después
habrá que partir
pero
siempre después.

fliscornio
10/11/2001

Amiga

Amiga:
Cuesta desterrar al corazón...
Vaciarlo de afecto...
Abolir la necesidad de tocar,
de sentir la comarca de la piel.
Entonces, cuando comienza a suceder esto
el cuerpo pesa
más de lo acostumbrado,
hundiéndose en el aire
como un puñal incisivo...


Cuesta pensar.
Sólo se siente el desgarro sigiloso
de un desamarre a pura distancia
a puro desasosiego.


Exiliarse de la tierra,
de sus humedades.
Extrañar olores y perfumes.
Recortar la certeza de los amaneceres.


En vano
trato de no construir la ausencia
de miradas y palabras,
pero en las tazas de café
huye el carmesí de tus labios.


Deseo desarticular
el tiempo de los encuentros
sin sentir el dolor de extraviar presencias
en la lejanía de las estrellas...


Miro el cielo profundo en la noche
a orillas de un mar oscuro y vasto:


las constelaciones albergan infinitos sentidos
como los sueños acunados
mientras dormimos
en la oquedad del alma.

fliscornio
09/01/2002

la tarde se agita

la tarde se agita
ardiendo
herida
reclamando los primeros besos
los últimos adioses.

el corazón sangra
desesperado
imprevisto
abismal.

sordo
fluye como un río negro de larvas
a través de la carne palpitante
que cruje como papel escrito.

dedos animales.
bruscos.
tejen avalanchas de pasión
sobre tus muslos dormidos.

una mujer al mediodía
se descubre como un poema,
insolente,
placentero,
se desnuda de palabras,
me besa en la cúspide de las metáforas
y construye obeliscos
bajo el ardor del verano
mientras oxidados trenes
se diluyen en la tarde de enero...

fliscornio
09/01/2002

la creación


las noches y sus días
giran
desde el advenimiento
del universo.
más largos o más cortos
ningún sitio del cosmos escapa
a la sentencia
de esta extraña pareja
que construye la ficción del tiempo.


el amor palpita
en la lujuria
del amante ausente.


desatinos del destino.


contracaras de pubis
sudorosos
y pelvis
libertinas.


oquedades oscuras
vacían lenguas.
vaginas desbordadas
por eróticas palabras.
labios femeninos cartografiando masculinos.
masculinos estrujando
femineidades,
como quien asalta cascadas
de orgasmos
y bebe
la confluencia de los océanos.


es la extraña hora
donde muere el día
y adviene la noche.


es la extraña hora de los amantes.
donde los ciegos
ven
y los sordos
oyen.
donde los mudos
enarbolan placeres
a garganta abierta
y pecho naciente.


es la hora extraña
donde las distancias
desaparecen
y fluyen los húmedos néctares.
se apaciguan
las desgracias
y se tejen las pasiones.


es la extraña hora,
donde el sol
desvanece su existencia
y la noche
colma de estrellas
el firmamento.


es la hora de amar
sin tregua y sin respiro
torso contra torso
boca contra boca
pubis contra pubis
que la noche es efímera
y el amor
sólo un soplo divino...


fliscornio
09/10/01

miércoles, diciembre 2

El beso de la ausencia

El beso de la ausencia,

se encarama sobre las paredes,

como una hiedra de fantasmas.


Hiere la piel

la mano del amor exiliado:

de huellas distantes me hablan

tus ojos profundos.


Dialogo extraño

de mutaciones amorosas.


Besar tu boca,

en la humedad fría

de un cuarto despojado.

Sirenas de barcos lejanos,

apuñalan el silencio

en tu puerto dormido.


Ahora sé,

que añoras remansos,

el reverso de mi espalda

o la desnudez

a secas

de mi cuerpo tendido.


fliscornio

sábado, noviembre 21

La Maravilla


(o Mundo Maravilloso de Louis Armstrong)
Un atardecer de invierno. El sol entibia como puede a los porteños que transitan la ciudad. Dos carteles señalan una coordenada en el espacio Avenida de Mayo 1100/1200. Lima 1/50. Un reloj marca, ubicuo, el tiempo: 17.10.

Acabo de releer tu obsequio "Las Mil Maravillas" de Ángeles Mastretta. Me refugio sobre el capuchino, abandonándome en la espiral lenta y desdeñada del humo difuminado en el aire. Sigo percibiendo tus gestos: tu voz, tu rostro, tu boca diminuta que deja escapar en cada palabra que lees el compromiso intacto de otros años. Tu ojos vivaces capturan el texto con la pasión de quién abraza lo sagrado. Los parroquianos nos observan desde sus mesas en el Bar García...Una maravilla.

El agua salpica circularmente la fuente que está frente a mí. Algunas palomas sobrevuelan el frío de Buenos Aires, que avanza desde el sur y acaricia el viejo edificio del ministerio de Obras Públicas. Allí donde Evita renunció a los poderes y a la vida en 1952. El capuchino pasó a la historia y aún quedan sobre la mesa, dispersos, el vaso de agua y el jugo...

Cinco policías motorizados, departen entusiastas junto a sus motos, sin importarles demasiado lo que sucede alrededor. Inmóviles, junto al monumento del Quijote de La Mancha, varios ómnibus guardan silencio, como en un cortejo fúnebre. Por la Avenida de Mayo, veo un desfile de manifestantes, participes de una marcha de la que ni me he enterado. Portan pancartas, banderas replegadas y gorritos verdes. Las veredas y el asfalto se tapizan de papeles... Mientras tanto una nena de poco menos de ocho años, deambula por entre las mesas del café, solicitando un peso... A veces los horrores de este mundo se empecinan en devolvernos la otra mirada... El espejo y su reflejo.

Es una tarde de julio intrincada. Engorrosa, como tantas tardes y días de este bendito país, sin duda plagado de maravillas, que como dice Mastretta, algunas conoceré y otras, tal vez muchísimas, no llegaré a saber ni que existen. El prójimo, por ejemplo, es una maravilla que conoceré, pero solo por partes. Como en retazos. Tal vez sucede lo mismo conmigo.
¿Te conoceré? ¿Me conocerás? ¿La filosofía del instante, de la fugacidad, quizás? ¿Qué atesoramos en este recorrido añoso desde que nacemos hasta que morimos? ¿El dinero, las propiedades, los títulos, los amigos, los afectos, las alegrías o las penas?
Sostener la linealidad de nuestra historia es un problema. Y no sé a qué historia me refiero. Ahora ambas se mezclan. Puedo saltar a mil novecientos cincuenta y seis, en el mes de febrero, el día ocho. O puedo solo, retomar un año antes y pensar en la Revolución Libertadora. Puedo anclarme en el setenta y tres, en setiembre once, por ejemplo... Puedo sentir la violencia de los tiempos y de los cambios.

Hago historia y a la vez soy parte modelada de esa misma historia. Se dice que la historicidad forma parte de nuestro ser... ¡Qué anchas espaldas poseen los seres humanos para llevar semejante carga! Ancestros, desde el fondo del universo, convergen precisamente en cada encuentro... Y la historia, creo, se alimenta a sí misma, y nosotros somos su alimento, pero a la vez nos devoramos a nosotros mismos.

La vida circula a nuestro alrededor. Se visten de gardenias y jazmines los balcones de la adolescencia y crecemos casi sin darnos cuenta. La piel se estira, los huesos se agrandan. Las vivencias se nutren de nuevas experiencias, mientras los ojos y sus retinas registran, implacables, la construcción de los recuerdos. ¿Qué hacer con ese material sensible? ¿Arrojarlo al océano del olvido? ¿Acomodarlo en una secuencia de tiempo y fijarlo para siempre a las necrosis de los calendarios?
La linealidad es un problema. Trato de encontrar la ficción de A.C / D. C, en mi propia vida, y siento que la cosa no es tan sencilla.
Entiendo que hay repeticiones y repeticiones. A veces se repite precisamente para no recordar. Repetir para olvidar. Sin embargo, hay repeticiones que dejan huellas y que nunca son la misma cosa. He ahí una gran maravilla.

Pero en definitiva ¿a qué viene este absurdo escrito inspirado en las Mil Maravillas? Precisamente en el absurdo... En los laberintos de la existencia... En los recónditos agujeros negros de nuestras vidas en permanente e infinito encuentro-desencuentro. Es probable que mientras leas esto, ese hecho forme parte de esos encuentros-desencuentros. Y lo absurdo... o la maravilla, es que siempre realizamos el mismo ritual del encuentro, pero esta vez, repetir no es olvidar, repetir el encuentro para justamente recordar que siempre hay encuentro... Y eso sí, realmente es raro... pero es una Maravilla.

Setiembre 12, 2000.


Apéndice del Nuevo Milenio.


Ayer visité la librería más grande que he visto. Tenías razón. Se siente algo cuando uno entra en ese salón enorme, como si uno adviniese a adentrarse en un templo virginal, poblado de infinitos laberintos donde crecen como civilizaciones las ideas. Veo hombres y mujeres, de edades inciertas, tomando y leyendo libros de los anaqueles distribuidos a lo largo del salón. En este momento, cuando muchos pregonan la muerte del libro a manos de la tecnología digital, observar este sitio es una bendición que te da la vida...una maravilla.

Y será por la música de fondo, o porque al levantar los ojos y ver el techo circular iluminado, decorado con un gran mural, o por los palcos rediseñados para sentarse mansamente a leer u hojear algún texto, tal vez será por eso que te veo deambulando ávidamente en este mundo. Con una hambrienta necesidad de aprender a pensar, con ese algo que te brota de las vísceras, que te hace indispensable, única e irrepetible...otra maravilla.

Conmovido, camino en el laberinto. No hay un minotauro ¿o sí? El universo se despliega en inagotables páginas. Llegué hasta aquí de tu mano, como siempre. Parece mentira, pero hay ciertas cosas que me resultan extrañas. Sensaciones. Me muevo en un ámbito desconocido pero conocido a la vez, la gente está fascinada con el lugar. Hay un embrujo, uno no quiere irse, o tal vez quiere volver apenas traspone el umbral. ¿Sabés? También me resultas conocida y desconocida a la vez. Después de tantos años parece una locura, sin embargo eres otra persona, pero estás intacta a la vez. Eres como este lugar, tiene un encanto que proviene desde lo profundo, de siglos, de incalculables horas e inagotables hombres y mujeres que derramaron sobre papeles la construcción de una pluralidad de mundos. Y a este mundo lo conozco y lo desconozco al mismo tiempo. Porque a medida que avanzo por el laberinto hago cosas, construyo, a veces a tientas, a veces (muy pocas) con certezas:

Construir una vida...
Construir una pareja...
Construir una profesión...
Construir una ética...
Construir un universo...
Construir soledades...
Construir tristezas...
Construir el compartir...
Construir felicidad...
Construir el amor...
Construir hijos...
Construir el deseo...
Construir la Maravilla...

fliscornio
Enero 9, 2001

Las palabras


Las palabras,


escritas con devoción,


amorosamente talladas


sobre las hojas,


serán sagradas


en la medida que


quién las lea,


las transmita entrañablemente


a los demás.









fliscornio 
                                                                                      oct.23.7

Oquedad


Entre mi cuello y el hombro,

descansa el silencio de tu pensamiento.

Apoyada

en la oquedad tibia de los huesos,

tu mirada se desliza callada,

sobre espaldas y occipucios.

Es la brevedad

del aliento

sobre las pupilas.

Es el tiempo

demorado

que cae como una llovizna.

Las voces humedecen

viejos cortinados en los zaguanes

de Montevideo...

Los corazones

cobijan antiguas carencias.

Acaricio tus mejillas tibias.

Atemperas mis manos

entre las tuyas

mientras atravesamos la ciudad

serenos, transparentes

como destellos de luz

en una noche de verano.

Y así, el día arrastra las horas,

pero no lleva tu boca ni la mía.

Levanta las hojas que el otoño olvidó,

pero no empuja las hojas escritas.

Ni los poemas leídos sobre tus ojos,

a la hora de las cigarras,

a la sombra de las enredaderas,

lejos de aquí.

Quién sabe dónde...

Tal vez donde nacen los jazmines...

en un lugar donde los encuentros florecen...

acurrucados,

lejos de todo...

lejos...


fliscornio 2002

Una mujer y un escote



El escote
insolente
agitador
insurgente
revoltoso
rebelde
incendiario
soberbio.
Los pechos
alborotados
sensuales
abultados
orondos
convexos
tersos
inquietantes.
Ella
orgasmica
abundante
sexual
copiosa
exhuberante
óptima
opípara...

fliscornio
2002

El camposanto

Antes del viento el mutismo habito el lugar.

Nada podía oírse en ese océano de ausencias

que marca un absurdo indescriptible

de acallados lamentos a la intemperie.

Se fueron quedando solos, de a poco,

con el paso del tiempo y las lluvias de otoño.

Se quedaron definitivamente quietos

en sus lugarcitos de sueños efímeros.

Así el viento lánguido, se adueño de todo,

se pasea orondo por los huecos que dejan

los vacíos domingos en los sobrevivientes.

Hasta el silencio muda en ellos.

Unas florcitas mustias se destacan

en las frías mañanas de esta extraña urbe.

Hay tanta soledad y tanta vida de muertos

que cuesta pensar otra cara para un camposanto.

Detrás de largos muros la vida se ha exiliado.

Hay una ciudad de difuntos por donde transitan

famélicos recuerdos de fantasmas errantes.

Hay miles de rostros que vagamente nos miran

desde las lápidas y desde sus lugares de finados.

Aquí todo huele a entierro cavila el sepulturero

mientras cava una tumba para un futuro inquilino.

Extramuros bulle la vida como un hormigueo.

La metamorfosis de la muerte con su autoridad vigente

se enlaza con la tierra germinando enérgicas larvas

que por años se han nutrido de pieles y entrañas

y regresan a nosotros gozando de un nuevo status.

La existencia del camposanto, aire de muerte,

sollozos vanos y gritos desesperados,

más no todo muere cuando se muere,

perviven más allá de los dolores y las penas

el flujo imperceptible de las horas plenas.

Esta vida que nos ha tocado es única, irrepetible.

No busquemos en la necrópolis la vitalidad perdida

solo queda el reflejo macilento de otro que ya se fue,

de nosotros depende sostener el fuego que nos habita,

de nosotros depende sostener una existencia digna...

fliscornio

El hogar de las sombras


Si uno no recordase,

Y no tuviera encima

Esas imágenes indelebles

Que golpean la escollera

Del alma humana

¿Cuál sería el lugar?



Si los hombres existieran

Sin memoria

Sin historia

Sin pasado



¿Cuál sería el hogar de las sombras?



fliscornio

Nosotros a pesar de Ellos...


Cada uno nosotros tiene un lugar
Un espacio propio
Un punto de pertenencia,
Que es inicio y partida
Que es fin y comienzo.

Cada uno de nosotros
Deriva hacia otros sitios
Que nos amalgaman
Alrededor de hechos e ideas
Que confluyen en algo llamado identidad.

Es posible que las circunstancias
Nos deriven como guijarros en el agua
Hacia lugares impensados
Pero cada cual y a su manera
Elige calladamente seguir el curso de la vida.

Hay puntos que quizás no tienen retorno
Hay puertos que sin embargo
Permanecen mansamente abiertos
Aguardando nuestra silenciosa llegada
Aun en las más oscuras y sombrías de las noches.

Tal vez no hay elección posible
Cuando el corazón está vacío de emoción
Y el mundo se construye en función del cálculo
Levantando sobre el horizonte el pragmatismo del dinero
La prevalencia de la renta fácil.

Cada uno y a su modo elige
De qué lado va a estar,
La moneda solo tiene dos caras
Y por ahora el Yo pudo más que el Nosotros,
Sin embargo la historia se construye día a día
Con Nosotros…
A pesar de Ellos…


fliscornio

Julio.30.2008

Sobre guiones y libretos



Se escribe como se puede, sobre el papel o sobre la piel, por sobre un montón de muertos o por sobre los vientres de las parturientas. Se escribe a veces sin ton ni son, sin saber adónde van a morir los renglones. En otras ocasiones la desesperación que engendra la incertidumbre es tan aterradora que algunos se suicidan en los márgenes de las hojas vacías.

Cada uno de nosotros escribe un libreto, un guión o un libro. Cada uno de nosotros sube al escenario de la vida todos los días, contando solo con la desnudez del alma humana. Nos calzamos máscaras para comenzar el día sin la certeza de saber dónde termina la obra.

A todos nosotros nos toca ser alguien: tullido, engreído, soberbio, orgulloso, valiente o cobarde, honesto o rastrero. Cada ser humano representa su papel, grande o pequeño, en el escenario del mundo. A veces forzamos a los otros a ocupar ciertos lugares, porque necesitamos que ellos los ocupen, para poder cargarles la mierda que llevamos dentro.

Nada más incierto que la conducta humana. Nada más vacío que humanos completamente satisfechos. Nada más heroico que una persona insatisfecha. La vida humana está plagada de desconcierto y ambigüedad, casi como una novela construida a tientas en los amaneceres de la civilización.

Se escribe como se puede, a veces en la confusión de la pasión o en los tumultos que construye el amor. Escribe el poeta enredado en el cuerpo de su amada y pinta el artista plástico los diluvios verde azulados de unos ojos infinitamente claros. Modela el escultor un cuerpo despojado hasta en la desnudez de la espalda y hornea el ceramista el brillo opaco de un amor que agoniza.

El viento desliza la música y los bailarines dibujan en el espacio los movimientos de una danza invisible. Se entretejen y se dejan llevar. Se deshacen y rehacen. Se destierran y hermanan. Se erigen uno al otro como pueden en una danza eterna llamada intimidad.
Se escribe como se puede. Se vive de igual modo. Solo somos espejos de otros, redactando una ficción que no nos pertenece. Somos quienes somos, ni mucho ni poco, pero aceptarlo cuesta. Empuñar palabras, no pistolas o fusiles. Empuñar artes, no inútiles muertes.
Construir el texto de nuestras vidas es lo difícil, porque hay que otorgar sentido a lo escrito, pero ¿quién nos dirá dónde poner cada punto y cada coma? ¿Quién leerá en definitiva este conglomerado de frases y oraciones que soy o que he sido?

Hay que escribir entonces sobre este inescrupuloso desierto de papel, que asfixia con su blancura de muerte. Se debe transitar este territorio cano, prematuro de ancianidad y despedidas. Porque así lo exigen las circunstancias. Porque así lo pide el cuerpo. Entonces se escribe con la urgencia de las tripas, con la premura del agonizante. Se cubren extensiones con escenas, que luego son acciones, que luego son vidas, que luego, muy luego dan origen a cierta existencia.
Es así que comienzo el montaje de una quimera llamada mi vida, una pequeña narración, que ocupa en forma exigua, una carilla, y en dónde escribo, como puedo, una historia, un cuento o una fábula, que algunos considerarán inequívoca o a lo sumo confusa. No obstante en ella, habitarán actores que aceptarán el juego.
¿Qué haremos cuando el otro no acepte el juego, ni asuma su papel de victimario o de víctima?

fliscornio
noviembre de 2004.

La Tarde Cubierta de Musgos


La tarde está cubierta de musgos húmedos deslizándose sobre la piel hasta decaer en silencio como las gotas de esta lluvia tardía de septiembre.
La tristeza no tiene territorio. Ensimismada, contraída sobre el dolor de la carne, se retuerce atravesada por el desencanto y el anonimato.
Hiere el desgarro de las vísceras. Arde la soledad como un tizón flameante en las entrañas de mi ser.
Las terrazas desoladas. Un cielo vacío de pájaros. Mi rostro distante pariendo realidades...
Ahora que tu silencio efectivamente es una respuesta, la orfandad recorta el vacío de lechos y de besos posibles.
Ausencia de palabras que erige un muro o un mausoleo con los restos de mi amor.
¿Qué hago con esta angustia que, como una caravana de sombras, avanza sobre mí?
¿Existirán tumbas para los amantes desconocidos, para los amores huérfanos, para los desencuentros epiteliales?
¿Qué construyo a partir de estas certezas? ¿Con qué herramientas labraré pacientemente la tierra y arrancaré la fertilidad de su corazón terroso, ahora que comienzas a partir?
Amores impávidos como coles durmiendo al sol. Calles abiertas en una ciudad que comienza a despedirse de vos. Relojes de arena que diluyen mi vana espera, mi esperanza contrahecha. Soy yo el que te espera. En los sueños. En ese mundo inédito donde somos la trama inversa del presente, pero que a ciencia cierta desconocemos.
El tiempo nos acosa como un animal hambriento. Me cuelga del cuello tu cuerpo, tu boca desconocida, tus manos desnudas, tu olor a mujer.
Me reclamo a mi mismo la intimidad perdida. Pero sé que no está perdido aquello que nunca se ha poseído. La irrealidad es tan lacerante como el sol en el desierto. Me quema solo con su paso. Me ciega solo con su calor.
Y la noche despierta al fin sobre el horizonte. Allí estás, Selene, cada noche de cada día. Girando eternamente en el universo. Levantando mareas, acariciando enamorados. Luz de luna... Rostro de mujer... Velos y sedas... Cabello ensortijado y negro... Tus ojos dicen lo que callan tus labios... El silencio del universo cae como una caricia sobre mi corazón labriego.
¿Volverás la noche que viene a iluminar mi lecho solitario? ¿Volverás a acostarte a mi lado en las noches solitarias, a escondidas, abrazando mis soledades?
La distancia se abre como el estuario del Amazonas y es posible extraviarte en el océano. Sin embargo cada noche, volveré a observar las estrellas... Las constelaciones distantes...
Tu carro desvelado transitando las Pléyades...

fliscornio
2001

Infancias


Escribir sobre la propia historia personal es casi con seguridad un intento - tal vez vano - de describir algo que ha perdido su condición de realidad, entendiendo a ésta, como aquél fenómeno pasible de ser objetivable y que, invariablemente damos por cierto.

Entonces reconstruir la ficción de una existencia se asemeja a la elaboración de una novela que en algún momento de nuestra vida empezamos a tomar por verdadera, hasta tal punto, que terminamos apropiándonos de ella.

Digo esto pues de algún modo me invitas a realizar un viaje al origen, a las raíces, o a ese sitio dónde podemos suponer que empezamos a ser lo que somos.

Ahí la Infancia. La niñez como un territorio lejano donde las cosas poseían otros gustos y otros olores. La patria de la inocencia o la ignorancia. Ese paraíso que al decir de Mario Benedetti puede ser un paraíso maravilloso o puede ser un infierno de mierda.

En aquel tiempo ser niño era jugar a explorar y aventurarse en lo desconocido. Las fronteras eran estrechas y casi siempre finalizaban en las veredas y en las esquinas somnolientas de un barrio suburbano. Pero eso alcanzaba para reinventar un nuevo mundo más acorde a las realidades y capacidades de un niño. Y así fue.

De esas imágenes inciertas que como retazos o parches descoloridos, puedo reconstruir en mis primeros años, está la casa natal, a orillas del ferrocarril, de techo bajo, color blanco, con un amplio terreno en las márgenes del pueblo que, por entonces, era pequeño.

Sin dudas que el universo era otro. El sentido o el significado de las cosas tenían otra dimensión, fundamentalmente, era un mundo extraño y nuevo, lleno de misterio, que invitaba a curiosear. Un mundo que también se entrelazaba a los miedos y a las cosas que un niño desconoce.

Pero jugar e imaginar era todo. La lluvia por ejemplo. Recuerdo imágenes imborrables: el patio de tierra, inundado de agua, y las gotas formando burbujas enormes flotando sobre los charcos, que entonces eran océanos, navegados por barquitos de papel, realizados con dedicación por mi abuela materna.

El mapa de la niñez recorre una extensión interminable donde los días se encadenan casi infinitamente. El tiempo se detiene en ese territorio. No hay colegio. Es solo despertar y ver que hay de nuevo en este universo llamado casa.

Todo es a estrenar. Todo huele a nuevo en ese mapita que se garabatea alrededor nuestro constituyendo la primera infancia.

En aquellos tiempos las dimensiones también eran otras. Las extensiones en el espacio son gigantes. Los objetos sencillos de uso cotidiano, como las sillas o los muebles, eran enormes. Trepar a una banqueta era el llamado a desafío para comenzar a escalar hacia la mesa. Mi patio de baldosas negras y blancas, era un campo cuadriculado, que posibilitaba la creciente habilidad de jugar y correr.

La patria de la infancia se construye con recuerdos y vivencias. Existe pues una bandera multicolor que se agita con festividad, en mi caso, pero también con la sombra de los temores maternos.

Mi madre había perdido cinco embarazos y una beba de meses, por lo tanto debe aferrarse a ese último hijo, que tozudamente da a luz, a pesar de las admoniciones trágicas de los doctores devenidos en demiurgos trágicos.

Pero aún así, y contra toda lógica, mi madre alumbró un hijo. Hijo que sería el séptimo que venía a cortar una larga cadena de frustraciones en su deseo de maternidad. Así, esa madre engendra sin saber, el temor a perder a su único hijo, un desasosiego que la acompañará el resto de su vida, y que por supuesto, marcará también mi vida..

Existen tantos senderos que no vemos o no recordamos en la foresta de la niñez que es imposible describir todo en un solo escrito. Puedo ir reconstruyéndolo como un texto, quizás hasta novelando pues a veces no puedo saber con certeza si son recuerdos o ellos provienen de lo que me han relatado.

El origen, que tal vez no sea tal, sino un reflejo de lo que pudo haber sido, extiende sus influencias hasta aquí. El destino - si es que existe tal cosa - se derrama sobre este pequeño escrito que abre incertidumbres porque hablar de uno mismo también implica releer la ficción que tenemos sobre nosotros y de la cual nos hemos apropiado cuando aceptamos llamarnos como nos han nombrado.
Puedo suponer que cada gesto o acto, cada trazo que realizamos sobre la vida, es una proyección de lo adquirido y lo heredado a manera de síntesis personal. Podemos ser un texto, una pintura o una hermosa melodía, pero fundamentalmente somos una producción original que despliega sus particularidades a lo largo de la existencia.

Podremos ser más felices o menos felices, pero eso incluso no indica nada. Todo es tan fugaz que a menudo nuestras distracciones impiden ver lo maravilloso de la vida.

Esa mirada tan profunda en la cual has creído ver un Otro, tal vez habla tanto de ti como de mí. Allí, en ese año setenta y seis, el curso de mis pensamientos o de mis emociones probablemente era diferente al que hoy tengo. No puedo decirte si el dibujo simplemente era un despliegue de mi narcisismo - cuestión muy probable - o una puesta inconsciente de esa “desolación” afectiva a la cual a veces he aludido en algunos escritos.

Lo cierto es que esos ojos negros y profundos aún siguen interrogando desde aquellos años. Siguen inquiriendo o demandando alguna respuesta a un interrogante que permanece abierto, entonces los puentes mantienen su vigencia en tanto permiten estos tránsitos e intercambios...


fliscornio

Las Máscaras








Jugamos con las máscaras alguna vez,
desnudándonos en vano
para intentar ser nosotros mismos.

Silenciosos mis ojos descendieron
sobre tu cuerpo expuesto
como una virgen griega
en el Mar Egeo.

Encuentro de cuerpos
diluyendo la vanidad de las palabras,
dejando solo,
el eco de los besos.

Desnudar máscaras tras máscaras
como los días desnudan las noches
y hablarte como habla el sol a la luna
de estrellas y cometas.


fliscornio
2002

Pliegue sobre pliegue








Pliegue sobre pliegue.

La boca
aplastada sobre tu boca.
El cuerpo pesado
sin alas,
derramándose
sobre tus lunas esparcidas
en el pecho.
Pliegue sobre pliegue.
Manos mansas
que ensayan caricias
en los muslos
y en la espalda húmeda,
y en el ombligo blando.
La piel es un horizonte delgado
atrapada en un trozo de mirada
que atraviesa la habitación amarilla.
Pliegue sobre pliegue.
Sábanas desprolijas
anodinamente abstraídas.
Mariposa impúber posada
como mi lengua resbalosa
en el pubis jadeante.
Pliegue sobre pliegue.
Se desnuda el alma
de secretos
y confía el territorio
de lo íntimo...
en tanta espera...
en tanta espera...
de labios sobre labios...
de pliegue sobre pliegue...


fliscornio




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